El aumento de los presupuestos de defensa en Europa plantea cuestiones de financiación y capacidad de producción, pero también de coordinación e integración de los medios militares.
La Comisión Europea acaba de presentar un plan para «rearmar Europa» que pretende movilizar unos 800.000 millones de euros en cuatro años, de los cuales 150.000 millones serán préstamos puestos a disposición de los 27 de la UE.
La industria de defensa europea ha aumentado la producción de ciertos productos, como la munición, desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, sin entrar, sin embargo, en una «economía de guerra» deseada por Emmanuel Macron, debido a la falta de decisiones sobre un cambio de escala en los pedidos.
Para producir «rápida y masivamente», el ministro de Defensa francés, Stéphane Lecornu, está considerando la posibilidad de involucrar a las cadenas industriales civiles, especialmente la automotriz, para fabricar en pocos meses miles de drones, proyectiles, tanques, rieles, etc. Sin embargo, los expertos hablan de 2 a 3 años para que la reconversión de una fábrica civil alcance la plena producción.
Los esfuerzos de guerra y, en el futuro, de disuasión y mantenimiento de la paz, podrían ayudar a reforzar una industria europea debilitada, atrapada entre Estados Unidos y China, por un lado, y a una regulación y precios de la energía europeos más altos que los de sus competidores, por otro. Esto explicaría el entusiasmo por el rearme y los discursos belicosos de los líderes europeos.
La UE apuesta por la industria para reactivar su economía
La Comisión Europea anunció el 19 de febrero una serie de medidas para reactivar su economía a través de la industria: reducción del coste de la energía, alivio de la carga administrativa de las empresas y apoyo a la descarbonización de la industria.
Porque hay urgencia. Los pilares de la industria europea en los sectores químico, automovilístico o siderúrgico amenazan con deslocalizar fábricas a Asia o Estados Unidos para escapar de los costes energéticos considerados prohibitivos y huir de las pesadas regulaciones europeas, especialmente las del Pacto Verde.
«Es hora de reactivar el motor de la innovación» en Europa, declaró la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, al presentar un primer borrador del nuevo rumbo proempresarial de la UE, que quiere dar prioridad a la competitividad y la productividad, manteniendo por el momento sus objetivos de neutralidad de carbono en 2050.
A principios de febrero, miles de trabajadores de la siderurgia, la automoción o la industria química de toda Europa se reunieron en Bruselas, cerca de la Comisión Europea, para exigir garantías sobre el futuro de la industria y sus puestos de trabajo.
«Es hora de que Europa despierte. La industria europea está atravesando una profunda crisis», había subrayado Judith Kirton-Darling, secretaria general de la federación de sindicatos de la industria IndustriALL. Los oradores denunciaron el «dumping» de la industria china en el acero y advirtieron sobre el posible aumento de los aranceles en Estados Unidos.
«Europa debe adoptar urgentemente una estrategia industrial», abogó la sindicalista francesa Christèle Khelf, de CFDT Metalurgia. «La industria está siendo aplastada», añadió el belga Jean-Luc Lallemand (FGTB Metal), «en Europa siempre se necesita una eternidad para proteger la industria».
800.000 millones de euros para la industria bélica
Los líderes europeos acordaron a principios de marzo un plan de 800.000 millones de euros para rearmar Europa, de los cuales 150.000 millones son préstamos, una suma que corresponde a los 800.000 millones de euros sugeridos por el informe de Mario Draghi para relanzar la competitividad europea. «Se acabaron las ilusiones» y la Unión Europea debe aumentar significativamente sus gastos en armamento, declaró el 11 de marzo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Los 150.000 millones de euros en préstamos «deberían financiar compras a productores europeos, para contribuir a estimular nuestra propia industria de defensa», insistió la presidenta de la Comisión Europea, pareciendo hacer suya una demanda expresada desde hace mucho tiempo por algunos Estados miembros, entre ellos Francia, de «comprar europeo» y aumentar la «integración industrial y estratégica» entre los países europeos.
En este sentido, Ursula von der Leyen insistió en la necesidad de agrupar los pedidos de armamento entre los Estados miembros para lograr economías de escala y favorecer la interoperabilidad de estos armamentos.
Los presupuestos de defensa de los 30 países europeos de la OTAN (excluida Turquía) superaron los 450.000 millones de dólares el año pasado, es decir, el 2 % de su PIB, según la Alianza Atlántica. En la actualidad, 21 países europeos respetan este umbral mínimo fijado por la OTAN, incluyendo a cuatro que superan el 3% (Estonia, Letonia, Polonia y Grecia).
Londres tiene previsto destinar ahora el 2,5 % de su PIB a este fin para 2027, frente al 2,3 % actual, mientras que Francia habla de un objetivo «en torno al 3-3,5 % del PIB», cuando su presupuesto ronda el 2 % en la actualidad.
«La herramienta industrial europea permite aumentar la potencia», ya que muchas cadenas están lejos de su producción máxima, estima el economista de defensa Renaud Bellais. «Si pasamos al 3 % del PIB, de todos modos, se extenderá a lo largo de 2 o 3 años», lo que permitirá a los industriales prepararse.
España apuesta por reforzar industria de defensa
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, destacó el 20 de marzo en Bruselas, que «el impulso europeo en seguridad y defensa debe fortalecer la competitividad y la innovación, apostando por inversiones en tecnología de doble uso. También ha subrayado la oportunidad que esto representa para las empresas españolas, líderes en el sector».
El orden internacional está cambiando y los países tratan de imponerse por la fuerza, añadió.
En relación a la industria de defensa, Sánchez sostuvo varios encuentros la semana pasada, en los que se destaca la iniciativa de impulsar la industria nacional a nivel europeo.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acudió a Hesisnski y se reunió con el primer ministro de Finlandia, Petteri Orpo para impulsar, entre otras cosas, «la innovación y competitividad de la industria de defensa», según un comunicado de La Moncloa.
Ambos abordaron, durante su encuentro, «las oportunidades que existen para empresas finlandesas y españolas en este campo».
Como argumento, Sánchez dijo que en la seguridad de Europa debe abordarse desde los conflictos abiertos a los ciberataques, pasando por las crisis energéticas y las catástrofes climáticas.
El presidente viajó también a Luxemburgo, para mantener una reunión con el primer ministro Luc Frieden, donde conjuntamente también declararon la necesidad de fortalecer la industria de defensa europea. En particular, las empresas de ambos países están involucradas en sectores como el aeroespacial o la tecnología satelital.
España cuenta con 554 empresas de defensa que dan empleo a 69.153 personas. Su facturación es más de 7.435 millones de euros, según el informe Spain Defence and Security Industry.
«Más de medio centenar de programas de armamento y material que suman inversiones que superan los 50.000 millones de euros» se encuentran en cartera, dice el informe, citado por Efe, destacando entre ellos la producción de blindados, submarinos y aviones.
Todos estos proyectos apuntan a una modernización de las Fuerzas Armadas.
Además, España se consolidó este mes como noveno exportador de armamento del mundo, según otro informe presentado por el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) y citado por El Confidencial.
El principal destino ha sido en este último periodo Arabia Saudí, importando el 24 % del total, gracias a un contrato firmado en 2018 con Navantia, que significa la entrega de cinco corbetas por unos 1.800 millones de euros.

La industria de defensa cuenta con los blindados 8×8, los submarinos de la serie S-80, las fragatas F-110, los aviones Eurofighter o el futuro sistema de combate europeo (FCAS). Por volumen de negocio, que podrían superar los 2.000 millones de euros, de acuerdo al informe.
El proyecto del vehículo de combate 8×8, el de mayor envergadura para el Ejército de Tierra, involucra un presupuesto de 2.500 millones y contempla el suministro de 348 unidades, las primeras de las cuales debían ser entregadas en 2022. Sin embargo, el proyecto ha sufrido constantes retrasos, que han obligado a reprogramar el calendario de entrega.

El programa de fragatas F-110, que prevé la fabricación de 4 buques, diseñados para escenarios de alta intensidad de combate, tiene un costo de 4.300 millones.
Otro programa, de más de 3.000 millones, involucra la construcción de cuatro submarinos de la serie S-80, de los cuales el primero de ellos está en manos de la Armada desde noviembre de 2023, y está previsto que el último se entregue en 2030.

En el marco del programa Halcón II, de una inversión de más de 4.000 millones de euros, 25 aviones de combate para el Ejército del Aire, se suman a 20 unidades encargadas en 2022 por 2.043 millones de euros dentro del proyecto Halcón I, informó la agencia Efe el 1 de marzo.
El proyecto del sistema de combate aéreo (FCAS), de tipo estratégico europeo, en el que participan España, Francia y Alemania, comprende un costo de 2.500 millones de euros.
La OTAN compra productos a las empresas españolas.
Entre octubre de 2023 y septiembre de 2024, la Alianza ha encargado a una docena de compañías, a través de la Agencia de Adquisición y Apoyo, 45 contratos de 80.000 o más euros cada uno que suman un total de 27,6 millones.
En Francia, la industria metalúrgica automotriz está interesada en la guerra
Si bien aún no hemos entrado oficialmente en una economía de guerra, en Francia, los industriales metalúrgicos subcontratistas de la industria automotriz o ferroviaria en dificultades ya están reorientando parte de su producción hacia el acero de guerra y los proyectiles.
El grupo Europlasma, en el suroeste de Francia, ha confirmado, por ejemplo, que es candidato a la adquisición de Fonderies de Bretagne, un subcontratista del grupo automovilístico Renault en suspensión de pagos, que fabrica piezas de motores de hierro fundido.
Si se acepta su oferta de adquisición, Europlasma, creada en 1992 en torno a la descontaminación y la fabricación de piezas forjadas, tiene la intención de «diversificarse en el ámbito de la defensa para responder a un desafío de soberanía nacional y a una creciente demanda a escala europea», ha indicado el grupo.
Este giro, además de sus actividades automovilísticas, debería permitirle asegurar la «preservación de 240 empleos», es decir, «más del 80 % de la plantilla actual», afirma.
Desde el comienzo del conflicto, Francia ha entregado 30.000 proyectiles de este tipo a Kiev, y el objetivo para 2025 es entregar 80.000 unidades, según indicó el Ministerio de Defensa francés en enero.
La reconversión industrial en Alemania
El Gobierno alemán también anunció en febrero la transformación de una fábrica de trenes Alstom en una planta de fabricación de carros de combate. Los esfuerzos por reconvertir la producción a la fabricación de armas a gran escala también suponen un salvavidas para la industria alemana en crisis.
A finales de febrero, un acuerdo permitió a KNDS, una empresa franco-alemana especializada en vehículos blindados, hacerse cargo de la fábrica del fabricante de trenes Alstom, que iba a cerrar. En lugar de vagones de tren, la fábrica producirá componentes para el carro de combate Leopard 2, utilizado por las tropas ucranianas, y para otros blindados de infantería y transporte.
Con más de la mitad de los 700 puestos de trabajo conservados en la nueva entidad, una «larga y orgullosa tradición industrial» continuará en un «sector con futuro», había argumentado el ex canciller Olaf Scholz, antes de su derrota en las elecciones anticipadas.
Los retos de la reconversión de la guerra
Sin embargo, no se trata de un movimiento general de reconversión hacia la defensa de la industria automovilística en exceso de capacidad, sacudida por el giro eléctrico que necesita menos fundición de acero, advierte Vincent Charlet, economista del grupo de reflexión La Fabrique de l’industrie.
Según él, «la fabricación de proyectiles nunca sustituirá de manera significativa al automóvil, que es la columna vertebral de la industria europea». «Pero para un subcontratista intrínsecamente amenazado y que dispone de una herramienta de producción eficiente, cambiar a otros proveedores es bastante inteligente», añade, llamando la atención sobre los «desafíos de competitividad» a los que tendrán que hacer frente los industriales civiles tentados por la guerra.
El armamento terrestre «compite en precios con proveedores de países con costes muy bajos para material de infantería o municiones», argumenta, a diferencia del otro polo de la industria de defensa francesa vinculado a la disuasión nuclear, un «amplio conjunto de alta tecnología» que incluye «a los fabricantes de la bomba, los aviones, los submarinos y los barcos que la transportan».
Al anunciar «un apoyo financiero común masivo» en Europa para «comprar y producir municiones, armas y equipos en suelo europeo», el presidente Emmanuel Macron expresó su deseo de que estas operaciones «aceleren» la reindustrialización en las regiones.
Pero para el exministro delegado del ministro de Defensa, Jean-Louis Thiérot, uno de los puntos débiles de Francia es la «subcapitalización» de sus pequeñas y medianas empresas.
El exministro aboga por el desarrollo de «fábricas en estado latente»: «En lugar de fabricar ahora mismo millones de proyectiles a un coste exorbitante, podríamos invertir en una fábrica que mantendríamos en estado de alerta y que activaríamos si una situación de crisis lo requiriera. La idea es construir una industria capaz de crecer muy rápidamente, sin sacrificar la economía civil».
Artículo publicado originalmente publicado por en The Epoch Times Francia con el título «L’industrie de guerre, nouveau moteur économique de l’Europe» . Incluye texto adicional de The Epoch Times España
Cómo puede usted ayudarnos a seguir informando
¿Por qué necesitamos su ayuda para financiar nuestra cobertura informativa en España y en todo el mundo? Porque somos una organización de noticias independiente, libre de la influencia de cualquier gobierno, corporación o partido político. Desde el día que empezamos, hemos enfrentado presiones para silenciarnos, sobre todo del Partido Comunista Chino. Pero no nos doblegaremos. Dependemos de su generosa contribución para seguir ejerciendo un periodismo tradicional. Juntos, podemos seguir difundiendo la verdad.