Las películas, las canciones pop y las redes sociales a menudo pintan un amor romántico y una atracción física como la clave de la felicidad. Sin embargo, las investigaciones indican que factores más profundos son determinantes para la solidez de las relaciones a largo plazo. En particular, una espiritualidad compartida y la percepción del matrimonio como algo sagrado favorecen al bienestar, una comunicación más fluida y una mayor satisfacción relacional.
¿Es más difícil encontrar el amor hoy en día?
Las relaciones modernas adoptan formas diferentes. Los hábitos relacionados con las citas, la intimidad y el compromiso han cambiado con el tiempo. En Occidente, casi un tercio de los matrimonios terminan en divorcio, lo que genera una sensación de inestabilidad. Algunos aprecian esta libertad, mientras que otros sienten insatisfacción y expectativas incumplidas.
Un análisis realizado en 2020 por el Pew Research Center muestra que a casi la mitad de los adultos estadounidenses les resulta más difícil enamorarse que en el pasado. Fenómenos como las «situationships» —relaciones indefinidas entre lo casual y lo comprometido— reflejan esta incertidumbre. El documento Year in Swipe de Tinder de 2022 señala un aumento del 49 % de usuarios que mencionan este término en su biografía.
La intimidad sin compromiso, influenciada por la cultura pop y el consumo de pornografía, ha sustituido al cortejo tradicional. Una investigación publicada en Review of General Psychology revela que entre el 60 % y el 80 % de los estudiantes universitarios norteamericanos han tenido experiencias ocasionales, mientras que el 70 % de los jóvenes de entre 12 y 21 años involucrados sentimentalmente han vivido momentos de intimidad sin ataduras. Sin embargo, el 65 % de las mujeres y el 45 % de los hombres esperan en secreto que estas citas se conviertan en relaciones más profundas y duraderas.
Aquí es donde entra en juego la espiritualidad, ofreciendo una perspectiva a contracorriente: una base sólida para dar sentido, confianza y estabilidad a los vínculos.
Cultivar el amor espiritual
La espiritualidad, entendida como una forma trascendente y altruista de conexión entre lo divino y la humanidad, siempre ha fascinado al ser humano. Se caracteriza por la compasión, la armonía y la dedicación al bien de los demás. Un análisis de 2025 del Pew Research Center indica que el 40 % de los estadounidenses experimentan una profunda paz espiritual al menos una vez a la semana.
David Dollahite, profesor de la Universidad Brigham Young con un doctorado en estudios familiares, explica que aquellos que creen en Dios, lo aman y lo sirven, a menudo experimentan «una variedad de experiencias espirituales regeneradoras, desde momentos simples hasta episodios extraordinarios», percibiendo amor, gracia y guía divina. El profesor Dollahite aconseja a los jóvenes que cultiven su propia espiritualidad antes de buscar pareja. Una relación sólida con lo divino puede ofrecer equilibrio, paz y autoestima, reduciendo el riesgo de iniciar relaciones basadas en necesidades emocionales insatisfechas.
Un matrimonio sagrado para un vínculo sólido
Las parejas que consideran su matrimonio como algo sagrado tienden a fortalecer su amor y dedicación con el tiempo. «La santificación es el proceso de atribuir a un aspecto de la vida un carácter y un significado divinos», explica la Dra. Krystal Hernandez-Kane, psicóloga experta en espiritualidad e intimidad conyugal. Incorporar la espiritualidad en el matrimonio a través de la oración, el estudio de textos sagrados o la participación en actos religiosos refuerza el vínculo.
Quienes consideran que su relación es sagrada tienden a protegerla, a invertir energía en ella y a dedicarle tiempo. Esto mejora la comunicación, la satisfacción, el perdón y la gestión de conflictos. Los estudios sobre recién casados confirman que la santificación inicial del matrimonio conlleva una mayor satisfacción e intimidad al cabo de un año. Además, las relaciones serenas se asocian con una menor mortalidad y una vida más larga.
Intimidad sacra
El American Families of Faith Project, un proyecto de investigación codirigido por el profesor Dollahite que entrevistó a más de 300 parejas casadas, revela que alrededor del 20 % había vivido un matrimonio anterior. En muchos casos, la primera unión, basada en la atracción física y el romanticismo, se había disuelto, dejando conflictos sin resolver. Antes de una segunda boda, muchos optaron por fortalecer su fe, encontrando luego una pareja con un camino espiritual similar.
Luís Novaes, un brasileño de 43 años, cuenta que entre los 18 y los 22 años la lujuria lo llevó a la depresión. «Invocaba a Dios varias veces, buscando desesperadamente una salida». Después de años de sufrimiento, en 2006 abrazó una práctica espiritual. De su primer matrimonio, que terminó en divorcio, dice: «Se basaba en la lujuria». En el segundo, compartir la espiritualidad con su esposa marcó el cambio. «El fe en lo divino es fundamental para superar la lujuria», afirma Novaes y recomienda la oración, la autorreflexión y un compromiso espiritual.
Crecer juntos a través de las dificultades
Las parejas religiosas pueden contar con recursos compartidos y significados profundos que marcan la diferencia en momentos críticos. Un estudio de 2023 publicado en Marriage & Family Review muestra cómo las familias que durante la pandemia de Covid-19 mantuvieron o intensificaron su práctica espiritual desarrollaron una mayor cohesión, transformando la crisis en una oportunidad de crecimiento.
Estos datos sugieren que integrar la espiritualidad en la relación puede favorecer una intimidad emocional más profunda. Las adversidades, afrontadas con una perspectiva espiritual, pueden conducir a transformaciones positivas.
Mirar juntos hacia arriba
El profesor Dollahite describe el matrimonio como un triángulo: los cónyuges están unidos horizontalmente, pero también están vinculados verticalmente a lo divino. Novaes subraya que el amor verdadero nace de la devoción, la confianza y la virtud: «Creía que el amor era pasión y satisfacción, pero fueron precisamente estos elementos los que destruyeron mis relaciones pasadas. El matrimonio puede ser complejo, pero al mirar hacia atrás a lo que se ha construido juntos, se convierte en algo mágico».
Artículo publicado originalmente en The Epoch Times Italia con el título «L’elemento mancante nelle relazioni moderne»
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