China vs. EE. UU.: La carrera por la fusión nuclear y el dominio global

Por Antonio Graceffo
2 de abril de 2025 17:24 Actualizado: 2 de abril de 2025 17:24

Estados Unidos y China compiten ferozmente por construir la primera planta de fusión nuclear conectada a la red eléctrica, una carrera que definirá el futuro energético del siglo XXI y podría dotar al régimen chino de las armas más avanzadas jamás concebidas.

Un reactor de fusión es un dispositivo diseñado para producir energía replicando el mismo proceso nuclear que alimenta al Sol: la fusión de núcleos atómicos ligeros, como el hidrógeno, bajo calor y presión extremos. A diferencia de la fisión nuclear, que divide los átomos para liberar energía, la fusión no produce gases de efecto invernadero y genera mucha más energía con un mínimo de residuos radiactivos a largo plazo.

El potencial de la energía de fusión es revolucionario; podría proporcionar energía prácticamente ilimitada y libre de carbono, y transformar los mercados energéticos mundiales. La fusión, a menudo considerada el santo grial de la energía limpia, produce una energía inmensa sin emisiones de gases de efecto invernadero ni residuos radiactivos a largo plazo y podría convertirse en un mercado de más de un billón de euros para 2050.

Estados Unidos fue el primero en explotar la fusión cuando probó la bomba de hidrógeno en 1952, pero controlar el plasma para la generación de energía siguió siendo un desafío. Aunque la inversión privada estadounidense en empresas emergentes de fusión ha superado los 7 415 millones de euros (8 000 millones de dólares), respaldada por grandes compañías como Amazon, Google y Meta, China domina en términos de financiación pública y construcción de reactores. Beijing invierte alrededor de 1 390 millones de euros (1 500 millones de dólares) al año en fusión, más que cualquier otro país, y casi el doble del gasto federal de Estados Unidos, según la Oficina de Ciencias de la Energía de Fusión del Departamento de Energía de ese país.

China ha tomado la delantera en patentes relacionadas con la fusión, produce diez veces más doctorados en ciencia de la fusión y está trabajando para obtener materiales críticos como imanes superconductores, metales especializados y semiconductores. El enfoque agresivo de China incluye la construcción rápida de reactores y diseños experimentales que pueden no ser viables bajo las regulaciones estadounidenses.

Imágenes satelitales de Planet Labs muestran que China está construyendo en 2025 un gigantesco complejo de fusión láser. Ubicada en las montañas de Mianyang, en el suroeste del país, la instalación cuenta con una cúpula de contención que duplica en tamaño a la de la Instalación Nacional de Ignición de EE. UU. Expertos sospechan que podría tratarse de un híbrido de fusión y fisión, un enfoque más viable bajo el sistema controlado por el régimen chino.

El país que primero logre la fusión a escala comercial controlará un pilar clave de la economía global. Los senadores estadounidenses y los expertos en fusión piden una inversión federal de 9 270 millones de euros (10 000 millones de dólares9 para mantener el liderazgo, pero con la reducción del gobierno bajo el segundo mandato de Donald Trump, la financiación futura sigue siendo incierta. Si China gana la carrera de la fusión, podría dominar el mercado energético futuro, como lo ha hecho con los paneles solares, las baterías de vehículos eléctricos y los minerales de tierras raras.

Más allá de las implicaciones económicas, el desarrollo de la energía de fusión plantea importantes cuestiones geopolíticas y de seguridad nacional. El control de la tecnología de fusión daría al régimen comunista chino un inmenso poder diplomático, permitiéndole dictar las condiciones a las naciones dependientes de la energía, tal como lo hace actualmente con su casi monopolio sobre los minerales de tierras raras.

Un avance en la fusión también podría alimentar futuras infraestructuras militares, incluidos buques de guerra, sistemas espaciales y armas de energía dirigida. La capacidad de generar energía ilimitada in situ revolucionaría la logística militar, haciendo que las bases, los portaaviones e incluso las estaciones espaciales fueran autosuficientes sin necesidad de cadenas de suministro vulnerables.

El desarrollo por parte de China de reactores híbridos de fusión-fisión plantea preocupaciones sobre nuevas capacidades nucleares, ya que estos sistemas podrían desdibujar las fronteras entre la producción de energía civil y las aplicaciones militares. Si bien la fusión en sí no se considera una tecnología militar según los tratados existentes, los reactores híbridos podrían eludir los acuerdos de no proliferación.

Beijing podría integrar la tecnología de fusión en avances militares clave en los que el Ejército Popular de Liberación (EPL) ya está logrando avances significativos, incluidas armas de fusión pura, ojivas termonucleares mejoradas, armas de energía dirigida, propulsión naval avanzada, sistemas espaciales, bombas de neutrones, armas de pulso electromagnético (EMP), tecnología hipersónica y capacidades de guerra submarina.

Las armas nucleares de cuarta generación, especialmente las armas de fusión pura, representan un cambio importante en la tecnología nuclear. A diferencia de las armas nucleares tradicionales, que se basan en la fisión o en reacciones termonucleares desencadenadas por fisión, estas armas avanzadas utilizan procesos nucleares alternativos que no están cubiertos por los tratados de control de armamentos existentes, como el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE).

A diferencia de las bombas termonucleares convencionales, que dependen de una explosión atómica para desencadenar la fusión, estas armas no requieren un detonador de fisión. En lugar de ello, podrían lograr una fusión controlada utilizando láseres potentes o confinamiento magnético, lo que reduciría la lluvia radiactiva. Esto hace que las armas de fusión pura sean militarmente viables y políticamente aceptables, ya que producen una intensa radiación de neutrones con efectos de explosión mínimos, lo que permite ataques tácticos precisos con daños colaterales limitados.

El liderazgo de China en la fusión nuclear tiene implicaciones de gran alcance que van más allá de la economía y la seguridad energética, presentando graves riesgos para la defensa nacional. Si el régimen chino domina primero la tecnología de fusión, podría aprovechar su dominio energético para transformar la política global, a la vez que mejora la capacidad de combate del EPL y desafía el dominio militar estadounidense.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de The Epoch Times.

Artículo publicado originalmente en The Epoch Times con el título «US–China Nuclear Fusion Race: The Battle for Energy and Military Dominance».

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